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Para minha bisavó Leocádia Prestes

por Ana Prestes, em 15.03.08

Já estampei no alto deste blog que nele homenageio minha vó, Maria Prestes, a mais combativa e querida das mulheres que conheço. Minha referência sempre.

 

 

 

Hoje, na semana do Dia Internacional da Mulher, quero agradecer imensamente e extender um pouquinho mais a homenagem prestada pelo Senado, por iniciativa do Senador Inácio Arruda (CE), à outra mulher forte da minha família, da qual me orgulho imesamente, minha bisavó, Leocádia Prestes.

 

 

 

Em cada viagem que faço, nas minhas incursões para cumprir tarefas de solidariedade e relações internacionais, lembro do pioneirismo da minha bisavó, que realizou incansavelmente a belíssima campanha internacional que resgatou a pequena Anita, filha de Prestes e Olga, das mãos da Alemanha nazista.

 

 

 

Pablo Neruda lhe dedicou um lindo e emocionante poema, lido pessoalmente na ocasião do seu enterro em terras mexicanas, por estar impedida de retornar ao Brasil, que vivia os dias sombrios da Ditadura Vargas.

 

DURA ELEGIA*

(1943)
por Pablo Neruda
(En la tumba de la Senõra Leocadia Prestes)

 

Senõra, hiciste grande, más grande, a nuestra América.
Le diste un río puro, de colosales aguas:
le diste un árbol alto de infinitas raíces:
un hijo tuyo digno de su patria profunda.

 

 

Todos lo hemos querido junto a estas orgullosas
flores que cubrirán la tierra en que reposes,
todos hemos querido que viniera del fondo
de América, a través de la selva y del páramo,
para que así tocara tu frente fatigada
su noble mano llena de larueles y adioses.

 

 

Pero otros han venido por el tiempo y la tierra,
senõra, y te aconpanãn en este adiós amargo
para el que te negaron la boca de tu hijo
y a él el encendido corazón que guardabas.
Para tu sed negaron el água que creaste.
El manantial remoto de su boca apartaron.
Y no sirven las lágrimas en esta piedra rota
en que duerme una madre de fuego y de claveles.

 

 

Sombras de América, héroes coronados de furia,
de nieve, sangre, océano, tempestad y palomos,
aquí: venid al hueco que esta madre en sus ojos
guardaba para el claro capitán que esperamos:
héroes vivos y muertos de nuestra gran bandera:
O’Higgins, Juárez, Cárdenas, Recabarren, Bolívar,
Marti, Miranda, Artigas, Sucre, Hidalgo, Morelos,
Belgrano, San Martin, Lincoln, Carrera, todos,
venid, llenad el hueco de vuestro gran hermano
y que Luis Carlos Prestes sienta en su celda el aire,
las alas torrenciales de los padres de América.

 

 

La casa del tirano tiene hoy una presencia
grave como un inmenso ángel de piedra,
la casa del tirano tiene hoy una visita
dolorosa y dormida como una luna eterna,
una madre recorre la casa del tirano,
una madre de llanto, de venganza, de flores,
una madre de luto, de bronce, de victoria,
mirará eternamente los ojos del tirano,
hasta clavar en ellos nuestro luto mortal.

 

 

Senõra, hoy heredamos tu lucha y tu congoja.
Heredamos tu sangre que no tuvo reposo.
Juramos a la tierra que te recibe ahora
no dormir ni sonãr hasta que vuelva tu hijo.
Y como en tu regazo su cabeza faltava
nos hace falta el aire que en tu pecho respira,
nos hace falta el cielo que su mano indicaba.
Juramos continuar las detenidas venas,
las detenida llamas que en tu dolor crecían.
Juramos que las piedras que te ven detenerte
Van a escuchar los pasos del héroe que regresa.

 

 

No hay cárcel para Prestes que esconda su diamante,
el pequeño tirano quiere ocultar el fuego com sus pequeñas alas de murciélago frio y se envuelve en el turbio silencio de la rata
que roba en los pasillos del palacio nocturno.

 

 

Pero como una brasa e centella y fulgores
a través de las barras de hierro calcinado
la luz del corazón de Prestes sobresale.
Como en las grandes minas del Brasil la esmeralda,
como en los grandes rios del Brasil la corriente,
y como en nuestros bosques de índole poderosa
sobresale una estatua de estrellas y follaje,
un árbol de las tierras sedientas del Brasil.

 

 

Señora , hiciste grande, más grande, a nuestra América.
Y tu hijo encadenado combate com nosotros,
a nuestro lado, lleno de luz y de grandeza.
Nada puede el silencio de la araña implacable
contra la tempestad que desde hoy heredamos.
Nada pueden los lentos martírios de este tiempo
contra su corazón de madera invencible.

 

 

El látigo y la espada que tus manos de madre
pasearon por la tierra como un sol justiciero
iluminan las manos que hoy te cubren de tierra.

 

 

Mañana cambiaremos cuanto hirió tu cabello.
Mañana romperemos la dolorosa espina.
Mañana inundaremos de luz la tenebrosa
cárcel que hay en la tierra.
Mañana venceremos.
Y nuestro Capitán estará com nosotros.

 

 

*Extraído de "Anos tormentosos: Luiz Carlos Prestes: correspondência da prisão (1936-1945)", volume II/Anita Leocadia Prestes e Lygia Prestes (apresentação, seleção e notas). Rio de Janeiro: Arquivo Público do Estado do Rio de Janeiro, 2002.

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publicado às 01:16


3 comentários

De Maria Eva Prestes a 09.10.2008 às 14:43

Leocadia Prestes era tia de mi abuela, Angelina Prestes, ella siempre me conto sobre ella cuando era pequeña. Vi la pelicula OLGA y estoy muy emocionada de este recuerdo. Leocadia era una gran mujer y las Prestes eran mujeres fuertes y valientes. Un gran saludo y toda mi admiracion para ella y su recuerdo.
Soy Maria Eva Prestes, de Argentina
evaprestes@yahoo.com.ar

De octavio a 02.09.2009 às 06:55

Un saludo solidario desde México. Viva la solidaridad internacional y vivan todas las mujeres revolucionarias de América Latina.

Octavio

De Giuseppe a 04.04.2010 às 12:16

Li o poema de Neruda do sue blog.

Cumprimentos: tão jovem e tão comprometida politicamente.

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Cientista política e militante comunista. Altamira é uma homenagem à minha vó, Maria Prestes, e a todas as mulheres que, na luta por justiça e democracia, abdicaram do próprio nome.

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